El enfant terrible, Arthur Rimbaud, llegó a París invitado por Paul Verlaine. Este había leído uno de sus poemas, El barco ebrio y vio su talento antes que nadie. Verlaine estaba casado con una mujer y apadrinó al joven Rimbaud en su casa.
No sabía que acabarían metidos hasta el fondo en un bucle de autodestrucción y romance.
Rimbaud escandalizaba por sus malos modales a la sociedad parisina. Verlaine era un poeta admirado que dejó tirada a su mujer y a su hijo por irse a vivir a Londres con un chico diez años más joven que él. Años más tarde, quemados por las constantes rupturas y peleas, se dejarían de ver, después de que Verlaine le pegara un tiro a Rimbaud y este lo denunciara y condenara a dos años de cárcel.
Ninguno de los dos vivió mucho. Ninguno rehizo su vida.
Pero a mi me parece una historia preciosa.
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Tu crois au marc du café,
aux presages, aux grands jeux:
Moi je ne crois qu'en tes grands yeux.
Tu crois aux contes de fées,
aux jours néfastes, aux songes.
Moi je ne crois qu'en tes mensonges.
Tu crois en un vague dieu,
en quelque saint spécial,
en tel ave contre tel mal.
Je ne crois qu'aux heures bleues
et roses que tu m'épanches
dans la volupté des nuits blanches
Et si profunde est ma foi
envers tout ce que je crois
que je ne vis plus que pour toi.
Paul Verlaine
Rimbaud fue un personaje anacrónico para su tiempo
ResponderEliminaruna personalidad curiosa, sí, señor, digna de estudio
un saludo
Raúl
me ha gustado tu blog
ResponderEliminarte sigo y pasaré más a menudo, ya verás
jesusagqu.blogspot.com
qué bonito tu blog!!=)te sigo!, el mío aun no tiene mucho pero..poco a poco...jaja;)
ResponderEliminarhttp://paularoliva.blogspot.com/
Ven, querida gran alma. Te esperamos, te queremos...
ResponderEliminarSiempre me parecio hermosa esta historia!